Safari

•diciembre 27, 2007 • 1 comentario

Estoy escondida en tu cuarto, en medio de los árboles.

Me camaleono. Me suelto el pelo rugiendo y araño con mis uñas de araña jerusalem cada hebra de tus sábanas. A este paso me vas a descubrir seguro, qué bien. Aún queda mucho rato para que empiece a oler tu rastro, pero ya tengo permiso para ponerme nerviosa. Se me eriza la piel del lomo y te imagino en multicolor, tridimensional, supraterrenal, así que ahora me voy a quedar quieta en tu pared confundida sobre la huellas de tus pulgares y tus índices. Vas a venir armado con una red de cazar mariposas que no te servirá de nada y a mí me hará mucha gracia, pero el juego es el juego. Tu lo intentas, yo me dejo y aquí amor y después gloria y después más amor, mi amor, tu amor, tratando de cazarnos a mi y a mis bestias para clavarnos con alfileres a un corcho cerca de tus aurículas, sístoles y diástoles. Te dejo un gorgeo cerca de la almohada, anidado como un bicho para que se cuele por tus orejas. Son pistas de la dáliva, para que las recopules y me polinices, cachorrillo chico; juega conmigo que me aburro de lamerme tu recuerdos, y lo que quiero es atraparte la cola con los colmillos. Y que nos telentienda quien quiera. O quien pueda. Bienvenido a la selva nocturna.

Desaparecidos Razonables

•diciembre 22, 2007 • Dejar un comentario

- Vengo a comerte el corazón – dice llamando a la puerta.

 - Hoy no he venido, lo siento – contesta la voz de dentro, arrastrando las cajas de la mudanza. Suena el ruido de los recuerdos y los dientes rotos en una de ellas porque no había suficiente papel de burbujas.

- Está bien. Empecemos de nuevo. Tengo otros recursos – se aclara la garganta cambiándola por un doble windsord, ajusta los puños, saca pecho- Vengo a comerte el corazón, pequeña.

Hay un silencio. Después se escuchan pasos de ratón, y un clac.

Y cuando consigue echar la puerta abajo, a base de gritos de munch y golpes en las costillas, no hay nadie.

Hay alguien pero no le da tiempo a porque de pronto él y cae al suelo sin por lo tanto no. La habitación está vacía.

Letanía

•diciembre 19, 2007 • 1 comentario

El miedo mata la mente. El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mi y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allá dónde haya pasado el miedo ya no habrá nada. Sólo estaré yo.

(cuando se apaguen las letanías y el viento sople a nuestro favor…)

 
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