Desaparecidos Razonables
- Vengo a comerte el corazón – dice llamando a la puerta.
- Hoy no he venido, lo siento – contesta la voz de dentro, arrastrando las cajas de la mudanza. Suena el ruido de los recuerdos y los dientes rotos en una de ellas porque no había suficiente papel de burbujas.
- Está bien. Empecemos de nuevo. Tengo otros recursos – se aclara la garganta cambiándola por un doble windsord, ajusta los puños, saca pecho- Vengo a comerte el corazón, pequeña.
Hay un silencio. Después se escuchan pasos de ratón, y un clac.
Y cuando consigue echar la puerta abajo, a base de gritos de munch y golpes en las costillas, no hay nadie.
Hay alguien pero no le da tiempo a porque de pronto él y cae al suelo sin por lo tanto no. La habitación está vacía.
