Safari
Estoy escondida en tu cuarto, en medio de los árboles.
Me camaleono. Me suelto el pelo rugiendo y araño con mis uñas de araña jerusalem cada hebra de tus sábanas. A este paso me vas a descubrir seguro, qué bien. Aún queda mucho rato para que empiece a oler tu rastro, pero ya tengo permiso para ponerme nerviosa. Se me eriza la piel del lomo y te imagino en multicolor, tridimensional, supraterrenal, así que ahora me voy a quedar quieta en tu pared confundida sobre la huellas de tus pulgares y tus índices. Vas a venir armado con una red de cazar mariposas que no te servirá de nada y a mí me hará mucha gracia, pero el juego es el juego. Tu lo intentas, yo me dejo y aquí amor y después gloria y después más amor, mi amor, tu amor, tratando de cazarnos a mi y a mis bestias para clavarnos con alfileres a un corcho cerca de tus aurículas, sístoles y diástoles. Te dejo un gorgeo cerca de la almohada, anidado como un bicho para que se cuele por tus orejas. Son pistas de la dáliva, para que las recopules y me polinices, cachorrillo chico; juega conmigo que me aburro de lamerme tu recuerdos, y lo que quiero es atraparte la cola con los colmillos. Y que nos telentienda quien quiera. O quien pueda. Bienvenido a la selva nocturna.

Amén.
Hay momentos en que está todo dicho, este es uno de ellos. La otra opción es un recopulatorio de sordideces y mudideces que mejor no sacar a cola-ción. Pero subyace. Subyace.