Safari

Estoy escondida en tu cuarto, en medio de los árboles.

Me camaleono. Me suelto el pelo rugiendo y araño con mis uñas de araña jerusalem cada hebra de tus sábanas. A este paso me vas a descubrir seguro, qué bien. Aún queda mucho rato para que empiece a oler tu rastro, pero ya tengo permiso para ponerme nerviosa. Se me eriza la piel del lomo y te imagino en multicolor, tridimensional, supraterrenal, así que ahora me voy a quedar quieta en tu pared confundida sobre la huellas de tus pulgares y tus índices. Vas a venir armado con una red de cazar mariposas que no te servirá de nada y a mí me hará mucha gracia, pero el juego es el juego. Tu lo intentas, yo me dejo y aquí amor y después gloria y después más amor, mi amor, tu amor, tratando de cazarnos a mi y a mis bestias para clavarnos con alfileres a un corcho cerca de tus aurículas, sístoles y diástoles. Te dejo un gorgeo cerca de la almohada, anidado como un bicho para que se cuele por tus orejas. Son pistas de la dáliva, para que las recopules y me polinices, cachorrillo chico; juega conmigo que me aburro de lamerme tu recuerdos, y lo que quiero es atraparte la cola con los colmillos. Y que nos telentienda quien quiera. O quien pueda. Bienvenido a la selva nocturna.

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~ por Anathema Device en diciembre 27, 2007.

Una respuesta to “Safari”

  1. Amén.

    Hay momentos en que está todo dicho, este es uno de ellos. La otra opción es un recopulatorio de sordideces y mudideces que mejor no sacar a cola-ción. Pero subyace. Subyace.

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